viernes, 3 de marzo de 2017

La educación maltratada

Las encuestas son un instrumento de lo más controvertido. Cuando preguntamos algo a alguien la respuesta puede variar mucho según la forma en que lo preguntemos. La educación es un buen ejemplo.
Cuando se pide a las pesonas que indiquen la importancia que conceden a la educación sin duda la mayoría nos dirá que la considera muy importante. Si les pedimos que valoren la situación de la educación nos dirán con toda probabilidad que estamos mal (los informes internacionales lo confirman). Sin embargo, el último barómetro del CIS sitúa a la educación en el puesto 21 de los problemas más importantes.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Sororidad o solidaridad?

Hoy me propongo escribir sobre un tema espinoso. Como ocurre a menudo, la voz de la prudencia me grita que mejor elija otro, y como de costumbre, no le voy a hacer caso porque, ¿qué gracia tendría limitarnos a lo polícamente correcto?
Me propongo hacer una reflexión crítica sobre cierto feminismo, lo que siendo hombre como es mi caso puede ser un problema. Solo pido un poco de comprensión con mis errores y que antes de acusarme de  defender el heteropatriarcado se argumenten las discrepancias de forma que todas y todos podamos aprender algo.
https://docs.google.com/forms/d/1L0_8hxvyOowegaQdDD5n841R_ptpJDRNCSV-jm5-sio/viewform

El hecho detonante que me lleva a esta reflexión es la convocatoria para los próximos 2, 3 y 4 de Octubre en Córdoba del III Encuentro estatal de Feminismos, que una compañera promocionaba en Facebook con la frase "Disfrutaremos de Talleres, Charlas, Convivencia y mucha SORORIDAD"
Para aquellos que no estén al corriente, "sororidad" hace referencia a la complicidad, a la unión femenina, del mismo modo que en su origen, en un mundo de hombres, la "fraternidad" fue masculina.
No era la primera vez que me tropezaba con la palabra, pero esta vez sabía algo nuevo, algo que aprendí por no callarme cuando oigo la vocecita de la prudencia. Gracias a haber manifestado mis diferencias sobre el estupendo artículo "Sin tetas no hay significante vacío" escrito desde una perspectiva feminista por mi compañera Rocío Medina, tuve la "suerte" de que me mandaran a leer sobre el tema. Lo cual es de agradecer, porque significa que no me consideran un caso perdido y que hay esperanzas de que aprenda algo. La lectura recomendada fue "Feminismo para principiantes" de Nuria Varela y una de las cosas interesantes que aprendí es que la palabra "Solidaridad" se considera una de las aportaciones feministas a la política, precisamente para evitar el sesgo masculino de la palabra "fraternidad". Yo, sin saberlo, ya solía escribir el famoso lema de la Revolución francesa como "Libertad, Igualdad y Solidaridad", porque creo que es la palabra actual que mejor representa la idea de apoyarnos unos a otros.
Y me encuentro con que algunas van más allá y se van al otro extremo, oponiendo su femenina "sororidad" a la masculina "fraternidad"
¿Y por qué me preocupo de esto?
Por un lado, porque desde que estoy en Podemos he aprendido que las palabras son mucho más importantes de lo que pensamos a menudo y por otro lado, porque yo soy feminista y no me gustaría nada que el feminismo, al menos alguna de sus ramas, acabara cayendo en los mismos malos usos que critica, pero en el otro extremo. No porque me sienta amenazado como hombre, sino porque da pie a los enemigos de la igualdad para atacar a todo el feminismo sin hacer distinciones.
Si el pasado fue de los hombres, el futuro no tiene que ser de las mujeres, como se dice a menudo, sino de todxs, hombres y mujeres.
Una feminista que me gusta mucho es June Fernández, porque le encanta reírse de los tópicos y poner a prueba las convicciones poco fundadas (como a mí, pero ella lo hace con arte). En el libro colaborativo "El relaxing café con leche y otros hitos de la marca España" se incluye un fantástico y divertido artículo suyo titulado "Machismo pata negra. Machismo is fun!" que me abrió los ojos, entre otras cosas, sobre los niveles de acoso que sufren la inmensa mayoría de las mujeres en la vida cotidiana. Y es necesario que sean mujeres las que hablen sobre estas cosas no solo entre ellas, también a los hombres. A mí jamás se me habría ocurrido pensar al subirme a un autobús que alguien fuera a manosearme si no me lo cuentan. Y el peligro más normal que me viene a la mente al pasar junto a una obra es que se les escape un ladrillo, no un exabrupto. Desde entonces soy mucho más consciente y vigilante y, por ejemplo, antes de decirle a una amiga o compañera de trabajo que el vestido o el peinado que lleva le favorecen mucho, me paro y pienso cómo hacerlo de forma que no lo interprete (y lo sufra) como un acoso o ataque machista. Otras veces me callo y los dos salimos perdiendo.

En ese artículo, June se ríe también de las feministas "amargadas" (sic) y establece una clasificación de los "machos contemporáneos" en cinco interesantes categorías: El políticamente incorrecto (no quiero ser uno de esos, por favor), el machitrol, el bien educado, el machista leninista (no hay asamblea en que falten), y el nuevo masculinista (puestos a elegir, me quedo con estos).  Tras ello, la autora reflexiona también sobre la actitud de superioridad que adoptan algunas mujeres al tratar estos temas, como si el tener el cromosoma Y (y lo que de él se descuelga) nos incapacitase a los hombres para entender y afrontar estos problemas.
Reconozco que en la denuncia de todos los machismos, los micro y los macro, a los hombres nos toca escuchar mucho y hablar poco, pero somos capaces (al menos algunos) de entenderlos y podemos y debemos participar en el análisis y, sobre todo, en las soluciones.
Si en el pasado hemos construido un mundo donde las mujeres no contaban para nada, aprendamos de nuestros errores y no prescindamos de la otra mitad en el futuro, ni provoquemos un frentismo en el que nos ataquemos intelectualmente en lugar de trabajar juntos y reconocernos iguales y distintos.
Así que esa es la reflexión que quería plantear. Si la cosa va de sororidad, compañeras, nos estáis dejando fuera y creo que en este caso es pertinente que un hombre (yo) llame la atención sobre el tema.
Al fin y al cabo, no solo de tetas vive el significante vacío.

jueves, 5 de febrero de 2015

Yo también soy Podemos

Podemos tiene establecido en su reglamento organizativo que todos los cargos del partido serán elegidos por los ciudadanos de forma directa mediante un sistema de listas abiertas, sin más requisitos que la inscripción.
Tras haberse elegido los Consejos ciudadanos nacional y locales, ahora se está repitiendo el proceso en los autonómicos, excepto en Andalucía donde ha tenido que retrasarse por la precipitada convocatoria de elecciones al Parlamento de nuestra comunidad que ha llevado a cabo Susana Díaz, con la vana esperanza de evitar lo inevitable. Me refiero a que va a tener que buscarse por primera vez en su vida un trabajo honrado. Ahora se va a enterar de la diferencia entre cómo vive la casta y cómo vivimos los demás.
Volviendo a las elecciones internas, al igual que ocurrió durante los procesos locales, algunas listas cuentan con el apoyo de los impulsores de "Claro que Podemos", que fueron los ganadores del proceso nacional. Es decir, cuentan con el  soporte de los dirigentes y la mayoría de las caras conocidas del partido.
Indudablemente, contar con este respaldo en un proceso tan abierto y participativo supone una importante ventaja, ya que al ser Podemos una organización tan reciente, la mayoría de los candidatos son desconocidos para los electores (toda la población, recordemos) y es normal que al tener que votar una lista de desconocidos sigan la recomedación de líderes en los que confían, líderes tan conocidos y valorados como Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa, Íñigo Errejón o el mismo Pablo Iglesias.
Los impulsores de listas alternativas a las "oficialistas" de Claro que Podemos lógicamente saben que esto les perjudica en sus aspiraciones y han protestado de diversas maneras. Una de las candidaturas a la Secretaría General y Consejo Ciudadano de Cantabria ha agrupado a otras muchas en una plataforma llamada "Yo también soy Podemos" y han grabado un bonito video en el que piden a estos destacados compañeros que se abstengan de apoyar a ninguna candidatura.


Por su parte, los que apoyan a las candidaturas "Claro que Podemos" argumentan con razón que todos los inscritos en Podemos tiene derecho a expresar sus opiniones de forma personal (cuando no actúen en el ejercicio de su cargo) y que dado que hay diferentes enfoques a la hora de definir la organización más adecuada para conseguir los objetivos de Podemos, es importante contar con el punto de vista de aquellos que han tenido y tienen un papel más importante en la gestación y desarrollo de Podemos además de un punto de vista privilegiado.
Debo reconocer que en estas quejas hay una parte de razón y otra que simplemente se queja porque quieren ganar y cualquier factor que no los favorezca lo consideran como un impedimento en este objetivo y da lugar a una protesta.
Dejando de lado este planteamiento, humanamente comprensible, pero inasumible, ¿como podrían conciliarse o acercarse ambas posturas para que no se agranden las diferencias? ¿Como podemos hacer que la militancia en Podmeos no sea un mero acto de fe?
Creo que para situar justamente la cuestión lo mejor es ir al fondo del asunto, que es los motivos por los cuáles nuestros líderes dan su apoyo a unos y no a otros. No es por azar o por capricho y entendiendo los motivos estaremos en el camino para reconducir el desencanto de los que se sienten "menos Podemos." Pienso que esta es la cuestión principal y el motivo por el cual Pablo Iglesias y los suyos apuestan por unas candidaturas concretas es porque plantean personas y modelos político-organizativos que son necesarios desde su punto de vista para que Podemos siga siendo una apuesta nueva que se salga de la viciada dialéctica izquierda-derecha y sea capaz de situar el debate en un nuevo marco que escape de las trampas del bipartidismo. Lo que ellos denominan "ocupar la centralidad del tablero." Como bien dejaron claro en su documento político, tenemos que aprovechar la oportunidad.
Sin embargo, algunos compañeros a la hora de definir cómo quieren que sea Podemos proponen modelos asamblearios, que dan excesivo protagonismo a los "militantes" en detrimento de los ciudadanos o que establecen tantos mecanismos de control sobre los representantes que hacen inoperativos los órganos del partido, restricciones que luego en la práctica acaban incumpliéndose por motivos prácticos dejando a todos en un limbo normativo que causa inseguridad y no pocos problemas.
Luego, aunque este tema sea más espinoso, están los candidatos. Uno de los grandes logros de la Democracia es que cualquiera pueda optar a desempeñar un cargo de representación, pero ese derecho no convierte automáticamente a nadie en idóneo, ni siquiera en capaz.
En algunas listas ya se establecen explícita o tácitamente algunos requisitos mínimos para poder ser incluidos en las mismas, pero otras se han formado por métodos de reparto territorial o sectorial dando lugar a la inclusión de algunos compañeros que, siendo honestos, no tienen las aptitudes necesarias para asumir tanta responsabilidad. Debemos dejar claro que lo que todos tenemos es el derecho a presentar nuestra candidatura, pero no tiene que existir esa igualdad a la hora de ser elegidos. La propia palabra "elección" lleva implícita una discriminación, y es lógico que así sea, puesto que cada votante debe elegir a los que considera idóneos para el cargo. Cuando se elige un candidato debemos hacerlo con responsabilidad y no por lo simpático o trabjador que sea, sino por su capacidad para desempeñar de forma correcta el cargo al que opta.

Personalmente considero legítimo el apoyo de los líderes, pero también cereo que se puede hacer mejor y que todos nos sintamos más satisfechos. Dada la ventaja que supone contar con este apoyo, se debería exigir a las candidaturas que lo reclamen unos requisitos claros y públicos, entre los que debería figurar ineludiblemente la transparencia y la participación en su gestión. Desde mi punto de vista, tienen parte de razón los que ciritican que estos apoyos se hayan concedido de modo aparentemente arbitrario, sin explicar claramente los méritos de las candidaturas que los disfrutan, sin aclarar por qué se ha incluido a unas personas y se ha excluido a otras. Y la falta de información siempre genera desconfianza. Y eso es algo que tenemos que combatir.
Toda esta opacidad termina por generar desencanto entre los que, estando convencidos de que señalan el camino que creen más correcto, no comparten la forma de hacerlo. Si no hay nada que ocultar, si todo es legítimo, por qué no hacerlo de forma más abierta. La inmensa mayoría de los que estamos en Podemos nos movemos por la ilusión y por los deseos de contribuir a esta maravillosa revolución incruenta y a cambio de nuestro trabajo, nuestro apoyo y nuestra dedicación sólo queremos que se nos cuenten los motivos como a adultos y poder expresar nuestras opiniones y nuestros puntos de vista.
Se que este año y poco de vida que lleva Podemos ha sido vertiginoso, pero espero y confío en que todos los compañeros y compañeras que están más directamente involucrados en estos procesos encuentren el sosiego necesario para reflexionar sobre estas cuestiones y sepan darle su sitio a la gente que simplemente quiere contribuir de forma más directa al cambio que sin duda vamos a conseguir. Que sepan escuchar las voces de los que gritamos menos pero nos cargamos de razones antes de hablar y que se tomen como un reto conseguir que todos nos sintamos de Podemos al 100%.

viernes, 7 de noviembre de 2014

La Junta de Andalucía prepara una ley para terminar con la Formación Profesional

He dedicado casi la totalidad de mi vida profesional a trabajar en Formación Profesional. He leído infinidad de documentos, he asistido a muchas charlas y cursos en los que he tenido ocasión de escuchar y preguntar a los mayores expertos nacionales y algunos extranjeros, he participado en debates y en todos estas ocasiones he percibido que hay un grado de consenso bastante grande entre los que conocemos la FP sobre las lineas maestras que deben regir un buen sistema de Formación Profesional y cómo debe implementarse y algunas regiones, como el País Vasco lo demuestran constantemente con un sistema exitoso que, no por casualidad, consigue unas cifras de paro juvenil envidiables.

 Las recetas pasan en todo caso por respetar la autonomía de los profesionales dandoles medios y acceso a una buena formación y crear estructuras que faciliten la coordinación intercentros, la relación con las empresas (no con las patronales) y la innovación. Otra constante es priorizar los aspectos educativos de la formación profesional, destinando la mayor parte de los recursos al sistema público y dotándola de una flexibilidad organizativa y autonomía de gestión que le permita atender a las demandas de formación de las empresas y los profesionales de los distintos sectores productivos.

Hace unos días tuve ocasión de leer el borrador de la nueva Ley de Formación Profesional que el Gobierno andaluz está preparando y debo decir con tristeza que no encontré nada de esto. La triste experiencia de la gestión de los cursos de formación parece no haber servido de nada y en lugar de destinar más recursos al sistema educativo y configurar una oferta de calidad y más flexible, lo que se hace es "empotrar" en el sistema educativo una FP para el empleo que ha sido tan bien gestionada en Andalucía que buena parte de los que han intervenido en su gestión y en los cursos de formación son ahora asiduos visitantes de los juzgados.

He redactado un documento que contiene el análisis de los artículos que convierten a esta ley en el principio del fin de la Formación profesional en Andalucía.

También tuve ocasión de comentar este análisis en el programa "Más escuela pública" de Radiópolis, en el que denunciamos que no se había contado con los profesionales para la elaboración de esta ley.

Tras esta intervención, aunque no creo que a causa de ella, la Consejería de Educación ha convocado unas "Jornadas paripé" muy en su estilo. Durante una tarde se junta a profesores supuestamente para debatir sobre el borrador. El programa consiste en escuchar durante hora y media al Sr. Consejero y a la Sra Secretaria General de Formación Profesional (sin preguntas). Tras esto, los profesores se reparten durante dos horas en cuatro mesas de trabajo con temáticas cerradas que no tocan ninguno de los aspectos polémicos de la ley y finalmente se elaboran por algún procedimeinto milagroso las conclusiones. Los profesores serán designados por los directores de los centros. Así evitamos que se cuele ningún profesor díscolo,y si lo hace, tenemos a quién reñir.

Así entienden la participación los que dirigen la Junta de Andalucía.

Lejos de escarmentar y potenciar la parte que está correctamente regulada y tiene todas las garantías, se introducen en la FP las prácticas desprestigiadas: Opacidad, control político, nula participación de la comunidad educativa, intrusismo, falta de garantías profesionales, inestabilidad laboral...
Es definitiva, todo aquello que hace a los políticos sentirse libres para mangonear, hacer y deshacer a su antojo sin ningún control ni garantía.